Pocas cosas me aburren más que "el hacer para nada". Sí, esa siempre ha sido una premisa que me ha perseguido en cada uno de mis pasos. Dados, o futuros. Lo cierto es que el “hacer para nada” me pone terriblemente nerviosa y cínica, y aunque lo soy por naturaleza, cuando esto lo provoca me da una ínfima sensación de desafío, unida a lo turbulento de una boca de pocas palabras y mucho que decir.
Hacía tiempo que no te cogía con tantas ganas de reventar. Llenarte con todos mis vacíos. Poner la mesa a aquellos que cada día beben y comen de lo turbado de mi mente para darles el placer de quitarla, nuevamente, ellos mismos. Pararse a pensar y ver todo aún más vacío.
Echo de menos el tiempo que me pides, aunque nunca te lo diga y no recurra a tí.
Ahí queda eso...
Carmen.
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